Qué viene ¿el lobo?

Si nos es posible, o no tenemos suficientes datos sobre una empresa y los productos que fabrica, hacemos una vista con el fin de ajustarnos lo máximo posible a sus necesidades y presupuesto.

La semana pasada realicé una visita preliminar a una empresa que fabrica embutidos. Ya la habíamos retrasado un par de semanas, así que para ambas partes comenzaba a aflorar ese sentimiento de necesidad de zanjar asuntos. Dicen que a la tercera va la vencida, bien a la tercera semana la visita llegó.

Al llegar me comentan que aunque la actividad en la empresa ese día era muy baja, van a sufrir la visita de una inspectora de sanidad.

Mi sorpresa por la coincidencia de las visitas se la hago notar. Y a continuación le pregunto: “¿Cada cuánto tiempo recibís una visita de inspección?”. “Una vez al mes aproximadamente”, y añade, “cada visita dura casi toda la mañana”.

Quizá a alguno de vosotros, estos datos no os dicen nada, u os dicen mucho. A mí me dijeron mucho, pero me soprendieron aún más.

Y es que no es habitual encontrarse con esta clase de frecuencias de inspección.

La gran mayoría de los clientes que asesoramos, no reciben las temidas visitas (para algunos) con tanta asiduidad, y si lo hacen no son precisamente… ¿cómo decirlo? el lobo de caperucita, los inspectores son más bien la abuelita de caperucita.

Capericuta Roja y el lobo.

Porque cuando toca realizar la labor comercial, que sí, que todo miembro de SEGAL hace labor comercial; te encuentras con empresas, grandes o pequeñas, flexibles o rígidas en sus jerarquías, pero muchas, muchas con gerentes a la cabeza, que parece que tienen a fuego esa expresión de: “bah!, si nunca ha pasado nada!, además el veterinario (recuerdo que los que inspeccionan son veterinarios) no me dice nada! alguna bronquilla, si eso la multa, pero me sale más rentable pagarla que meterme en líos de APPCC y papeles”

Es en esos momentos en los que me pregunto: ¿De qué sirve exigir a las empresas alimentarias, a los operadores económicos, que cumplan la legislación, que trabajen mediante sistemas basados en la prevención, que velen por la seguridad alimentaria, por la salud de los consumidores, si las consecuencias de no hacerlo, es más bien, la falta de consecuencias?

La labor de concienciación queda tumbada por k.o. total, no podemos luchar contra esa inexigencia, y sólo nos queda confiar en aquellas empresas que de verdad buscan esa mejora continua, que invierten, y no gastan en implantaciones de sistemas de autocontrol o de gestión de calidad.

Me siento orgullosa de la legislación con la que trabajamos, considero que es bastante exigente en muchos aspectos, en otros debe adaptarse a los cambios, y como en todo debe ser flexible en su aplicación, pero no creo que deba ser flexible la inspección.

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2 comentarios sobre “Qué viene ¿el lobo?

  1. Buenos días.
    Acabo de leer tu interesante comentario, pero me resulta un tanto confusa tu conclusión final:
    “la aplicación de la legislación debe ser flexible pero la inspección no debe serlo”

    Si entendemos que el objeto de la inspección de una actividad es evidenciar los incumplimientos de la legislación y adoptar las medidas necesarias para que se subsanen, no entiendo como se puede ser flexible en el grado de aplicación de una norma y luego no serlo a la hora de comprobarlo.

    En todo caso, hay que recordar que la inspección y su grado de flexibilidad, está sujeta a unos principios, entre lo que destaca el de la actuación proporcionada al riesgo (vamos, lo de no matar moscas a cañonazos)
    REAL DECRETO 1801/2003, de 26 de
    diciembre, sobre seguridad general de los
    productos:
    Artículo 8. Principios generales.
    2. Las medidas adoptadas, así como los medios para
    su ejecución o efectividad, deberán ser congruentes con
    los motivos que las originen, proporcionadas con los
    riesgos que afronten y, de entre las que reúnan esos
    requisitos, las menos restrictivas de la libre circulación
    de mercancías y prestación de servicios, de la libertad
    de empresa y demás derechos afectados.

    Osea que flexibilidad en el cumplimiento y en su exigencia, si, pero la justa.

    Jorge García

    1. Buenos días Jorge, agradezco tu comentario y confío en poder aclarar la frase que citas.
      En cuanto a que la aplicación de la legislación debe ser, desde mi punto de vista, flexible, no me refiero a que se permita cumplir unos aspectos y otros no, siempre debe haber una aplicación de la norma total. Si bien, sabemos que en función del volumen de la empresa, el sector en el que se encuentra, existen normas que permiten una aplicación más flexible, por ejemplo la aplicación únicamente de BPM (Buenas Prácticas de Manipulación). Mi crítica a la labor de inspección , siempre con intenciones constructivas y quizá generalizando por mi parte demasiado, va encaminada a que nos encontramos con que si una empresa no ha aplicado la norma correctamente o directamente no la ha aplicado, las consecuencias por ese fallo no existen, y por tanto los gerentes de dichas organizaciones no sienten la presión ni por tanto la concienciación, de deber cumplir con la legislación.

      Sí que es cierto, que si entramos en flexibilidades, podemos entrar en terreno peligroso sin saber dónde están sus límites.

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