Agua y más agua.

Por si algun@ se preguntaba cómo acabé el año, os digo que de repente me vi dando una formación de último momento, sobre ISO 22000, IFS y BRC (otro día os cuento qué es esto), en una empresa de envasado de agua mineral natural.

Así que haciendo un homenaje a este nuevo cliente, os traigo algunos datos del sector.

Por todos es conocido que el tipo de agua que llega a nuestras casas, es muy diferente dependiendo de la zona geográfica en la que nos situemos.

Esto hace que nos encontremos igualmente con aguas más duras o más blandas, dependiendo de la cantidad de cal que contengan. Unas serán más aptas para el regadío, otras para el consumo humano, etc. Estas diferencias también se notan en el sabor. Y es que aunque supuestamente el agua que consumimos del grifo debe ser inodora, incolora e insípida, lo cierto es que muchos de nosotros apreciamos matices en el gusto, lo cual provoca que muchos de vosotros os declinéis a beber agua embotellada.

Pero ¿sabéis qué tipos de aguas se pueden embotellar, y las diferencias entre ellas?

Por supuesto las denominaciones, extracciones, características físico-químicas y microbiológicas, quedan recogidas en dos Reales Decretos, que si alguien tiene curiosidad o insomnio, le dejo aquí y aquí.

Contamos con tres tipos de aguas:

  1. Agua mineral natural.
  2. Agua de manantial.
  3. Aguas preparadas.

Agua mineral natural: es aquella que tiene su origen en un estrato o yacimiento subterráneo, brotan de un manantial o se pueden captar de modo artificial, pero sobre todo se caracterizan por su contenido específico en minerales, pureza y composición química, que lo consiguen gracias precisamente a su origen.

Agua de manantial: tienen un origen subterráneo y pueden emerger a la tierra de manera espontánea o ser captadas de modo artificial, siempre que no se varíen sus características que mantienen en el acuífero. Se diferencian de las aguas minerales naturales, en varias características organolépticas, microbiológicas y parasitológicas.

Agua preparada: es aquella cuyo origen puede ser subterráneo o superficial, indistintamente, y se somete a tratamientos físico-químicos autorizados, con el fin de conseguir la potabilidad.

Estos tres tipos de aguas son diferentes a las aguas de consumo público envasadas, que además de ser reguladas por un Real Decreto diferente, la gran diferencia es que es aquella agua que se distribuye a través de la red de abastecimiento público.

Por cierto, y hablando de agua, sabíais que debemos beber entre 1,5 y 2 litros de agua diariamente.

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